jueves, 25 de noviembre de 2010

UN AÑO MÁS, CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO




No hace muchos días, en una conversación nocturna, discutía sobre la acepción de la violencia de género y la diferencia que ésta suponía con otras violencias domésticas.

El detractor del término violencia de género, desconfiado del acuñamiento que se le dio en 1999 por parte de las Naciones Unidas, cuestionaba que el género fuera determinante entre las relaciones sociales, ámbitos e inter-relaciones.

La violencia de género, según la definición de la ONU es el acto de violencia, sea de la índole que sea, por el mero hecho de la pertenencia al sexo femenino. Es decir, por el hecho de ser mujer, tener que soportar unas concepciones que nos han minusvalorado, menospreciado, dominado y limitado. Y esto ha sido universal, es decir, en todas las culturas, en todos los lugares del mundo.

Que mujeres y hombres somos diferentes biológicamente, es evidente, ahora bien, es igualmente cierto que en el ámbito de la cultura, de las relaciones sociales, del poder es donde se generan las desigualdades y que éstas se pueden potenciar o inhibir, a través de las leyes, políticas proactivas, a través de la educación, de la prevención, del fomento de los valores de la igualdad, etc.

El feminismo como teoría política reivindica el fin de las desigualdades sociales e injusticias contra la mitad de la población, las mujeres, pero además, siempre ha sido sensible a alzarse contra otras injusticias. No olvidemos que sirvió de base teórica para la abolición de la esclavitud, o para la redacción de la Declaración de los Derechos Humanos. A pesar de lo que creen algunos, el feminismo, como heredero del pensamiento político ilustrado, reivindica la universalidad.

Ha sido desde el feminismo, teoría crítica que forma parte de las “teorías de la sospecha” ha cuestionado un orden simbólico hegemónico basado en la dominación masculina en todos los niveles. Hay dominadores porque hay dominadas, porque el sistema de reproducción cultural ha “naturalizado” (o sacralizado, diría yo) determinadas prácticas arbitrarias y concepciones sobre lo que tienen que ser los hombres y tenemos que ser las mujeres.

Por eso, reconstruir un nuevo orden simbólico, desde el empoderamiento y huyendo de las heterodesignaciones de género, es fundamental, para acabar también con la violencia de género. Tenemos que trabajar porque al primer síntoma de la violencia de género, las mujeres reaccionen, y den pasos al frente, en lugar de retroceder, y regalar a esos necios un espacio de dignidad que sólo les corresponde a ellas.

Ese caldo de cultivo de la violencia, esa ideología patriarcal es la que nos ha negado los derechos sociales, políticos, de ciudadanía a lo largo de la historia, y que gracias a los pasos al frente de muchas mujeres valientes, muchas hemos podido ser hoy lo que somos: universitarias, políticas, ciudadanas de pleno derecho. Pero hay mucho por hacer y no podemos caer en los “espejismos” de la igualdad. Hoy más que nunca los organismos de igualdad autonómicos e insulares son fundamentales para empujar esta empresa que nos concierne a toda la sociedad: a hombres y mujeres.

Es alucinante ver cómo de las 30 empresas que Zapatero ha convocado para el sábado, no hay ni una mujer. Desconfiaría exactamente igual de quien ostenta el verdadero poder en este país, pero es significativo de algo, de lo machista que es todavía nuestra sociedad.

Poco a poco, y con la cabeza dolorida de los cristalitos, entran las mujeres en los Consejos de Administración, en las Cátedras, en las Academias, esta msima semana Ana Maria Matute ostenta el mérito y honor de ser la tercera mujer que gana el premio Cervantes.

Hay una inercia muy potente que vencer; la misma que provoca que no exista una correlación entre la realidad de las universidades -con más mujeres tituladas- con los puestos directivos y de responsabilidad en las empresas.

La violencia de género es la punta del iceberg de un tipo de concepción machista, sexista, de una ideología patriarcal que se reproduce desde tiempos atávicos. Quienes confunden maliciosamente diferencia, diversidad, con desigualdad, quienes atacan y cuestionan nuestros derechos, nuestros avances, sintiéndose atacados o en peligro, es porque tienen un serio problema con su propia construcción identitaria.

A cada paso que damos, una resistencia se le opone. En este país hay demasiadas virilidades patológicas, en las últimas semanas hemos asistido a los exabruptos misóginos en medios de televisión públicas, exhibiciones prescritas de pederastia, y como algún representante público, en alusión al alcalde de Valladolid, viven todavía en la caverna de las relaciones igualitarias y libres.

En el Consejo de Ministros de mañana, la nueva titular del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad presentará una iniciativa que será bien acogida por toda la sociedad, y especialmente por las mujeres víctimas de violencia de género, sus familias. Tal iniciativa protegerá los derechos de los niños y niñas imposibilitando la convivencia (siempre y cuando haya sentencia en firme) con un padre probadamente maltratador. Además, se imposibilitará que después de un asesinato, éste pueda quedarse con el patrimonio de su mujer.

64 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex -parejas en lo que llevamos de año, y esta violencia ha acabado también con 4 niños.

Desde la entrada en vigor de la ley integral contra la violencia de género (2007) muchas mujeres han podido ser protegidas y con derechos reconocidos para reemprender su proyecto vital con autonomía. Ahora bien, la ley por sí sola no es milagrosa, y queda mucho trabajo por hacer y en esta tarea nos tenemos que implicar toda la sociedad.

Son preocupantes las denuncias que en los procesos judiciales por maltrato se han retirado. Desde el 2007 la tasa de agredidas que interrumpen el curso de las denuncias (con la ratificación delante del juez), muchas de ellas, perdonando a sus compañeros, ha crecido en un 46,4%.

De las fallecidas de este año, sólo 16 mujeres (un 25%) había denunciado previamente su situación. La denuncia es fundamental para poner en marcha el circuito de protección, por eso el entorno de estas mujeres tiene que implicarse, colaborar, para que las mujeres víctimas rompan el ciclo de la violencia, busquen ayuda y no acabe la situación de la peor manera posible.

Un año más, no podemos bajar la guardia contra la violencia de género, no podemos aflojar en este camino hacia la igualdad y en destinar los recursos adecuados desde las instituciones.

En este camino de apoyo psicosocial la semana pasada entregué la distinción autonómica de los Premios Violeta de JSE a la Oficina de la Dona del Consell d’Eivissa, que lleva una larga trayectoria apoyando a las mujeres víctimas, a sus hijos y trabajando con la juventud en los institutos para concienciar de violencia de género en la pareja y ayudando a identificar relaciones abusivas y de control.

Sin lugar a dudas, el camino, tiene que ir por aquí, pero la colaboración ciudadana es fundamental para no banalizar la violencia contra las mujeres y para rechazar cualquier tipo de conducta, sea del tipo que sea, verbal, física, psicológica, que implique un menoscabo de la dignidad de las mujeres.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Comentario extraordinario. Deberían leerlo en las escuelas. Me ha emocionado Sra. Cano.

Horrach dijo...

Soy de los que discrepa con la acepción de 'violencia de género' o 'machista'. Pero no porque me moleste personalmente (por supuestos motivos interesados), sino porque es incorrecta: no muestra lo que sucede empíricamente, sino que le da una generalidad ideologizada.

Me explico: si verdaderamente se tratara de violencia 'de género', las agresiones y asesinatos que llevan a cabo determinados señores (con sus nombres y sus apellidos) tendrían por objeto cualquier mujer con la que tuvieran algún tipo de relación. Si lo reducimos al ámbito de relaciones sexuales, podría ser cualquier mujer a la que conocieran hace poco. Pero nada de eso sucede. El asesino mata a sus parejas estables, estén casados o no. Ése es el elemento primordial de todos estos casos, y no el género de la persona asesinada, aunque sí sean mujeres todas. Lo son, pero no las matan por ser mujer, por un teórico odio al género femenino, sino por otras causas, más vinculadas a la tortuosidad de las relaciones de pareja. No es una guerra a muerte de todos los (o de una mayoría de) hombres contra las mujeres, sino ataques de una ínfima minoría de hombres concretamente contra sus parejas. No es lo mismo, ni mucho menos.

Por eso, porque se interpreta y entiende mal todo este fenómeno, las cifras de muertes no bajan. Por eso, por no saber de qué estamos hablando, el problema ni se soluciona ni se atenúa. Si dejamos que sea la ideología (abonada de resentimiento), en lugar del sentido común, quien nos dicte posibles soluciones, mal lo tendremos, y a la vista está.

saludos cordiales

PS: impresionante lo que dijo ayer, o anteayer, Rubalcaba. Eso de que la 'presunción de inocencia' quede en segundo lugar cuando convenga no es propio, por supuesto, de una democracia garantista. ¿Y estos son los que se quejaban de Guantánamo?

David Gómez Cejudo dijo...

Horrach, como bien sabrás el problema semántico al que haces referencia viene de la traducción literal del ingles del término 'Violencia de género'. Al parece en esas latitudes no se han encontrado con las resistencias academicistas de las nuestras. Respecto a la segunda parte de tu comentario discrepo en algunos puntos. De forma parcial hablas de un odio generalizado y visceral cuando te refieres al maltratador respecto a toda mujer. Has sido, y espero que no te ofendas, maniqueista y tendencioso. Sabes perfectamente que la cultura inhibe o desinhibe la violencia, que como buen estudioso que eres del tema, parece darse universalmente y con profundidad temporal en los 150.000 años aprox. de existencia de nuestra especie como tal. Por tal motivo entenderás que los mecanismos para coartar esa violencia, represivos en su mayoría y de la mano del estado. (si me pongo en la perspectiva anarkoliberal, para eso es para lo único que ha de servir el estado). Es obvio por consiguiente que lo que dispara la violencia, el hecho violento reprimido por cultura/estado tiene que deberse a aspectos que se refieren a estos dos aspectos. Por consiguiente, creo que si el estado tiene los mecanismos necesarios para la coacción de la violencia, las carencias han de venir por el otro lado. Como he dicho antes si es la cultura la que inhibe o desinhibe, la cultura patriarcal será mucho menos disuasoria respecto a la violencia. Todo esto es dialogable, pero lo cierto es que en lugares donde no se refuerza la cultura anti-machista como Alemania, las muertes llegan a 300 y recordemos que su población no es mucho mayor que la española. No obstante, creo que el debate sobre la violencia y el acto violento, y seamos filósofos el qué, como y por qué de la violencia y prioritariamente, qué es violencia, me parece un tema interesante y que crero deberíais retomar desde el grupo Makhomai. Un saludo a ti y si ves al resto de filósofos que conozco (Manolo, Javi, Miquelet, o Sergio alias Pez martillo, recuerdos tb para ellos).

Horrach dijo...

Queridísimo David, en 'otras latitudes' no se penaliza en mayor medida al hombre por el simple hecho de ser hombre, como sucede con nuestra ley, que considera 'delito' en el hombre lo mismo que en el caso de ser cometido por una mujer no pasa de ser una 'falta'. Y eso es claramente inconstitucional, por resultar una clara discriminación por razón de sexo. Los ajustes de cuentas como programa político, en clave maximalista, no me parecen particularmente defendibles.

No acabo de entender del todo lo que dices sobre la parte cultural de la violencia. Lo de la 'cultura patriarcal', que hoy sólo funciona en parte, no puede ser la excusa para coartar derechos a ciudadanos sólo por el hecho de ser hombres. Si luego resulta que eso es pecar de maniqueo y tendencioso, pues orgullosamente luciré ese blasón sobre mi frente pecadora.

Datos: la población alemana es el doble de la española (82 por 46 millones), aunque a ti parece que esa diferencia "no es mucha". Y, por cierto, ya nos gustaría parecernos a Alemania en muchas cosas, que en cultura, tecnología y demás la bien llamada "locomotora de Europa" da cien mil vueltas.

saludos cordiales