jueves 19 de noviembre de 2009

REGLAMENTAR LAS DESIGUALDADES, PARA HACER LEGAL, LO INMORAL


Ya he llegado a un punto en el que argumentar/justificar que la prostitución no puede ser una actividad profesional como cualquier otra: camarera, peluquera, empresaria, es como tener que dar razones, del tipo, ¿por qué no debemos robar? ¿por qué debemos ser cívicos? o ¿por qué no puedo vender libremente mi riñón?

Después de la aprobación por parte del Gobierno estatal del Plan integral de lucha contra la trata de seres humanos con fines de explotación sexual, plan que pretende luchar contra las mafias que trafican con miles de mujeres y niñas, y dar mayor cobertura legal a estas mujeres prostituidas a la fuerza, se reabre el debate, a nivel político y jurídico sobre la cuestión de la regularización. Se abrió hace un par de meses en el Parlamento estatal, y ahora, parece, que se reabre aquí en Baleares.

Me gustaría que cuando hablamos de “reglamentar, de legislar”, tuviéramos presente que lo podemos hacerdesde varias ópticas: una, en el sentido de considerar esta actividad como un trabajo, contrariamente de lo que piensa la Organización Internacional del Trabajo (manque les pese a muchas de las organizaciones que luchan por las “trabajadoras sexuales”), por ser una actividad contraria a los derechos humanos de las mujeres, y que por tanto, al igual, que la explotación infantil, no puede considerarse un trabajo, lo mismo con la prostitución.

El otro planteamiento es el abolicionista, y países como Suecia lo han implementado.

Me sorprende el grado cinismo a la hora de abordar estos debates: ¿de qué estamos hablando? ¿qué es lo que verdaderamente nos preocupa? ¿nos preocupa que haya un cierto número de mujeres ilegales, irregulares, sin derechos? Porque si es así comparto la preocupación, pero ¿por qué deseamos para ellas la prostitución? ¿por qué vinculamos la salida de esa irregularidad a esta condición?

Hay un artículo maravilloso, de la célebre filósofa Amelia Valcárcel, donde se plantea si la prostitución es un modo de vida deseable ¿lo es para cualquiera? Porque si la regularizamos en sentido de considerarla un trabajo, supondrá, que será un trabajo tan digno como cualquier otro, y que no nos importará que nuestras hijas, o las alumnas del colegio, nos digan que de mayor quieren ser prostitutas: “mamá, yo de mayor quiero chupar pollas de desgraciados que me tratarán como un puro objeto”. ¿de verdad que queremos esto para nuestra sociedad?

Estamos acostumbradas en que en los foros de debate, de opinión sobre si se debe regularizar o no la prostitución, normalmente opinan ELLOS. Señores, no se puede ser juez y parte. El 99,7 % de las personas que acceden a servicios sexuales son varones, y las personas prostituidas, mujeres con especial situación de vulnerabilidad. Personas que se ven abocadas a dedicarse a esto. ¡Hagamos su carga menos pesada, y legalicemos, como en Holanda, y regalémosle a todos esos proxenetas desalmados, que comercian con los cuerpos de las mujeres, ingentes cantidades de dinero, que hasta ahora es ilegal!

La prostitución es una vieja institución patriarcal, con un fuerte componente de desigualdad de género, donde el hombre accede, al cuerpo de la mujer como valor de uso y de cambio. Según la explicación de la psicóloga y Doctora en filosofía Victoria Sau, un número ilimitado de varones, “debe poder” acceder a un número limitado de mujeres, para “saciar” ese deseo masculino. La sexualidad instrumentalizada, única y exclusivamente, al servicio del varón.

Haréis una apología de la libertad desde vuestros sillones de piel, y deseando para las demás, lo que no querríais para vosotros.

Libertad es poder elegir entre opciones similares, no entre el abismo y la miseria.

Las putas de lujo, me preocupan bien poco. Pueden dejarlo cuando quieran. Hay un dato que no se nos puede escapar: el 90 % de las mujeres que están en las calles de nuestros barrios, ejerciendo la prostitución, son mujeres en situación irregular, mujeres prostituidas, explotadas sexualmente. Hay tráfico sexual de mujeres y niñas porque hay prostitución, y hay prostitución, porque hay todavía retrógrados que pagan por follar.

Lamento la postura de un partido que se llama a sí mismo progresista, y que por otra parte ha asumido un planteamiento totalmente capitalista sobre la compra y la venta de otro ser humano. Vaya mensaje trasladamos a la sociedad: por una parte impulsamos y reivindicamos la igualdad de género, y después, mostramos y cosificamos a las mujeres en escaparates. De esquizofrenia.

Que los debates ético y político, se planteen desde el punto de la estetización generalizada de nuestras calles y ciudades, (prostitutas en las calles no, enviémoslas lejos, a las periferias, o mejor, no verlo, y dentro, en los burdeles) supone renunciar a valores humanistas. Prohibamos la mendicidad agresiva, es fea y asquerosa, y como dijo Nietzsche “los mendigos te hacen siempre sentir mal: tanto si les das, como si no”. Tres cuartos de lo mismo con las prostitutas: en las calles no, pero sí apartadas de nuestra delicada vista. Que ojos que no ven...

Si queremos progresivamente acabar con la presencia de prostitutas en nuestras calles: primero, deberemos luchar contra las mafias, y segundo, prohibamos el ejercicio de la prostitución sancionando sobre todo al putero. Inhibamos esa conducta, vayamos a por la demanda para desestabilizar la oferta. Ésta es la fórmula que ha dado sus resultados en Suecia, con una reducción muy considerable del fenómeno de la prostitución.

España ya es destino sexual. Del medio millón de mujeres que se estima que hay en las fronteras de la Unión Europea, unas 300.000 mujeres, en situación irregular, de explotación sexual, echan raíces en nuestro territorio. Vecinos de otros países, que antes optaban por destinos turísticos más exóticos, incluso para tener sexo pedófilo con niñas y niños, vienen a España, porque encuentran un amplio catálogo de diversidad sexual: de todos los colores y con muy jovencitas. ¡Vaya con la promoción del turismo sexual!

Y qué hay de las costumbres, de nuestros turistas sexuales españoles, de estos santos varones, que se están frotando las manos, ante la perspectiva de la regulación, pues se calcula que hay 30.000 que van a hacer turismo sexual a países como Latinoamérica (donde en Guatemala, por ejemplo, hay 15.000 niñas explotadas sexualmente) por las legislaciones laxas y permisivas que tienen en torno a las penas.

Los empresarios del sexo, me perdonarán, pero no les tengo ningún respeto. Al igual que a los narcotraficantes. Si alguien se quiere sentar a negociar con ellos la dignidad de las mujeres, allá el/ella.

Por último, hemos visto que la autorregulación de los anuncios de prostitución, por el que el Gobierno apostaba, no ha dado sus frutos. Hay pocos medios, con esa responsabilidad ética y social. Y es que 40 millones de € anuales, dan para limpiar conciencias.

Si queremos aportar nuestro granito de arena, presionemos. Yo no te pongo publicidad institucional, hasta que... ¿capicci?